En la sala oscura y repleta, repleta de humo. Con esa música fuerte que no para de sonar.
Unos ojos caprichosos (admítelo, son muy caprichosos esos ojos tuyos) que parece que me observan (¿como con temor?) desde el fondo. Pero pegada a la pared hallo tu espalda y tus manos escondidas en un bolsillo o tras un vaso de plástico.
Pero miras.
Aunque ayer no lo hicieras.
Escuchando la música más extraña del mundo en aquel lugar reducido de oxígeno, (alguien dijo que no existía realmente, que todo me lo iba inventando yo sobre la marcha, el suelo, las paredes...) quiero bailar para que puedas ver mis pies moviéndose rápido y luego lento y luego rápido otra vez. Para que no te despistes. Para que veas donde estoy.
Aquí, riéndome sin parar y vigilando la pared y tu bolsillo con mi ojo izquierdo, solo con el izquierdo, porque así puedo usar el derecho para no chocarme con tanta gente que hay entre tu y yo. Y porque si te mirara con los dos creo que alcanzaría la pared en menos de tres pasos.
Y tras largo rato de bailar y reír y bailar y sonreírte ya te fuiste, con la mano en tu bolsillo y los ojos en la nuca. Te marchaste sin mover la mano lentamente de un lado a otro como sí que hice yo. Mañana nos vemos.
Aunque mañana ya no me quieras mirar.
sábado, 13 de marzo de 2010
jueves, 11 de marzo de 2010
margarita
Margarita baila al son de la primavera. Mueve las hojas al compás del viento que le hace cosquillas. Ríe cuando la hierba le acaricia debajo de la nariz.
Margarita no es un girasol, pero siente los cálidos rayos sobre su espalda, y le gustaría volverse para dar las gracias. Tiembla bajo el rocío, teme al invierno. Pasa calor en verano. En otoño está triste.
Margarita es blanca y amarilla.
No le gustan las abejas.
Margarita no sabe si te quiere, si no te quiere, si te quiere, si no te quiere. Pregúntaselo tú.
Margarita sólo es una flor que baila al son de la primavera.
martes, 2 de marzo de 2010
¿cuándo acaba la noche?
Que oscura es la noche,
que te envuelve y no te deja ver nada
y sólo se oyen las sombras
aunque no hay viento que susurre,
porque sólo hay noche, oscura noche.
Y aunque te dicen que después viene el día,
que mañana lucirá el sol,
que ya está aquí la primavera,
parece tan lejos, tan improbable, tan ilusorio...
Y te pierdes en la bruma,
te envuelves en la negrura,
te ahogas en la soledad...
y esperas el lejano, improbable e ilusorio rayo de luz.
sábado, 20 de febrero de 2010
el camino
Es una opción alternativa que la vida te ofrece. Dicen cosas sobre el destino... está escrito que sigas aquí, que sigas a las flores del camino. Vamos, salta esos charcos que te embarrarán los pies.Me tumbo boca arriba en esta tarde de verano calurosa como nunca otra la hubo, miro al cielo y saludo a las nubes que se me antojan tan familiares como si escritas en mi libro las llevara . Y saludo a aquéllos pájaros a los que veo con cada salida de sol. Siempre ahí. Siempre los mismos. Sería terrorífico amanecer tumbado bajo otro cielo distinto, con pájaros de colores oscuros teñidos por algún maleficio a manos de alguien con poco corazón o incluso, ¡amanecer sin pájaros a los que saludar!
Algún día podrás sentirte orgulloso porque fuiste valiente. Te plantaste ante ti viéndote reflejado en un espejo de otro. Por fin lo hiciste. Ahora, estás ahí solo entre montañas, las lágrimas resbalan por esas mejillas que lucen rosadas cuando desciende la temperatura, tus manos llenas de barro... no es mentira, lo sabes, las sientes más limpias que nunca. Miras más allá de la consciencia de tus actos, de tus palabras y entonces te das cuenta. Sonríes. Te sonríes ¡y de qué manera!
Aunque ya no haya flores en el camino y el barro te alcance la barbilla.
Aunque el cielo se tiña de morado.
jueves, 11 de febrero de 2010
Rano, el niño miedo
Rano, el niño miedo, está sentado en el filo de la cama y sus piernas larguchas y secas cuelgan desde lo alto del edredón. Abraza con fuerza un peluche gastado, lo aprieta, lo oprime, lo deja sin respiración. Tiene los ojos muy abiertos, enormes en su cara flaca y alargada. El pelo finillo le cae sobre la ancha frente y la melena sin peinar le hace parecer más desgarbado aún. La mirada está clavada en el armario. No la aparta de la diminuta rendija que queda entre las dos puertas.Rano tiembla. Hay un monstruo en el armario y puede que quiera salir.
Rano, el niño miedo, siempre tiembla. Hay otro monstruo debajo de la cama, una bruja detrás de la cortina, un troll al final de la escalera.
Rano tiembla en su habitación, tiembla en el pasillo y también en el cuarto de baño.
El pijama le queda grande y apenas ves su cuerpecillo temblar debajo, pero sus ojos gigantes se le salen de las órbitas y los ves antes que nada.
Rano, el niño miedo, quiere ser héroe, pero le faltan agallas y le sobra castañeo de dientes y entrechocar de rodillas.
Se mete bajo las sábanas, se tapa la cabeza con la almohada y aprieta su peluche fuerte, fuerte.
Ya no ves a Rano temblar.
Dentro de la cama no hay monstruos.
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