Mostrando entradas con la etiqueta gachas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta gachas. Mostrar todas las entradas
domingo, 18 de diciembre de 2016
Huir de la paz, el descanso y la facilidad para encontrar el entorno oscuro casi negro. Huyes de la objetividad, del cuidado incluso de la bondad huyes. Allí en lo oscuro casi negro, rodeados todos de calor, calor, Mareados, envenenados, intoxicados todos, los dos y todos los demás. Esa debilidad que me sube de abajo arriba hasta enseñarte mi cuello y bajar mis párpados despacio, lento, lentísimo y coger fuerza para abrirlos y romperme. Esa marea de mil siglos atrás, esa marea pestilenta de años atrás, ese pozo de fango de antes de la paz, el descanso y la facilidad que volvió para patalearte, para machacarte, como a esa muñeca de trapillo que creció desde los noventa para quedarse en el "mu" y no llegar jamás ni a la "ca".
Y todo para buscar la pasión, una pasión hecha de miradas inventadas, de sentimientos flotantes, de invenciones masacradas. De calor, de mi calor.
Y enana fuiste, enana te quedaste, con lágrimas y vómitos te abandonaste.
Como si engañar a alguien pudieras, como si engañarte a ti pudieras, como si engañarte la realidad pudiera.
¿HOY? Hoy no te puedes esconder.
¿MAÑANA? Mañana no te podrás esconder.
Y no sabes lo que hiciste, lo que haces, lo que harás. No sabes nada. Sigues sin saberlo.
Te abandonas.
domingo, 19 de julio de 2015
La que vuelve
La historia de mil días sin principio y sin final entrelazan mil conceptos indescriptibles, casi ininteligibles. Es la enredadera del flujo neuronal más banal que te puedas imaginar convertido en maraña cochambrosa. La aguja en el pajar. Quién te entiende a ti, que empinas mis días hasta que la respiración se me tuerce, que empiedras mi suelo hasta que mis huesos se deshacen en llantos. Quién eres y de dónde vienes con tu olor a sudor de millones de siglos. Quién. De dónde te sacas estos mil quiebros del sentido común para que acabe dibujando una línea que se encuentra con ella misma hasta el infinito. No quieras estropear mi paz vieja conocida. La simpleza del no espabilar, del no despertar, del no amanecer, del no pensar. De dónde vienes con tus trajes color oscuridad hechos jirones que te atan las muñecas y estiran tus neuronas. Quién, con tus complejas razones para abrir mis anhelos de lo que falta o sobra. De dónde, con tus ganas de hundirme la mano en el pecho y apretar mi bomba contra la espalda. Por qué.
¿La paz? La paz es banalizar, la paz es dejarse llevar, la paz es bailar, es volar.
martes, 7 de octubre de 2014
Hace ya tanto que aromas a orgullo y cabezas altas no bordean tus narices torpes que has perdido hasta la capacidad de cazarlas en el viento, has perdido fuerza y coraje y te has sumido en la masa esperando que nadie pose sus ojos en una persona insulsa más de un par de veces. ¿Y qué queda? Ponerse a cantar fuerte "stop crying your heart out" como si tus días de verdad fuesen tan amargos como tu corazón te dice. Cualquiera a los que la vida les resulta de verdad muy puta te escupirían con motivos.
El amor propio es malo en cualquiera de sus direcciones.
La superficie no se puede rascar, ésa no. No era posible antes y ahora menos que ni metáfora le queda o ni la quiere sacar.
En fin, cantemos al viento y corramos al infinito que es lo que pone en nuestros destinos. Que aproveche.
martes, 25 de febrero de 2014
Hay días en los que es inevitable, la cabeza se te hunde tanto en el pecho y el pecho tanto en la tierra que acabas por no encontrarte. Me cojo a asideros de humo que se me escapan entre los dedos rasgados y acabo dejando mi angustia vomitar sus sinsentidos. Los brazos que anhelo esta noche y algunas más, que me aman hasta deshacerme, pero solo noto cuando cuatro paredes me rodean. Necesito esa respiración en la distancia y en mis sueños. Necesito una temperatura estable que no constipe mis ojos al tumbarme. Necesito que se adivinen los nudos de mi estómago y que con destreza, guantes de algodón y aromas de tranquilidad me sean deshechos siendo consciente yo de ello. Necesito convencerme de tus razones diciéndome que lo que me he dibujado durante años es suficiente, que soy lo que soy y no me veo y está bien así.
Y aprender que si sigo pensándome, enredaré cada neurona entre las raíces que me anclan al miedo y la frustración y acabaré confundida en el vacío.
lunes, 26 de agosto de 2013
el lunar que moramos
Y mira cómo al final ha resultado que tenías razón y todo esto no es más que un círculo perfecto y cerrado y caliente sin quemar. Míralo, maldito, el círculo que rodeo cada noche al bailar sin mis zapatos en los pies, ni los pies en el suelo. Qué hiciste tú con tu electricidad simpática y sencilla, qué hiciste con las descargas para que yo las notara entre los dedos de las manos, de los pies, entre los pelos y los poros, entre mis ojos, entre mis labios. Me enchufaste alas de aire fresco y me soplas las plumas para despegar del suelo mis pies y así bailar rodeando el círculo perfecto y cerrado y ardiente. Me anudaste a tu cuerpo por ese lunar, ese lunar que te empeñaste en poblar y donde has edificado un templo donde espero soñar que hay tormenta de verano y me apoyo en tu pecho a escucharte latir y respirar y sonreír.
Anidaste en mi cuello despacio, haciendo un hueco a tu antojo y ahora...
...ahora te abrazo hasta fundirte.
sábado, 4 de mayo de 2013
aquélla fue
Ocurrió aquella noche en la que las mil lunas que habíamos dibujado levantaron sus piececitos del suelo hacia el cielo, para acompañarse de mil luciérnagas sonrientes y una oscuridad inalcanzable con mi mano y con la tuya. No sé si llega tu memoria a alcanzar la noche que fue, la noche en la que tu respiración y la mía se unieron para atrapar el oxígeno flotante del universo para hacerlo único, de color violeta o yo qué sé. Recuerdo que noté tus labios anidando en mi cuello y los quise coser o pegar o yo qué sé, para que no moraran otro cuerpo, para que, cuando entre mis sábanas estuviera, notara los besos que me brindan los recuerdos. Aquella noche no terminó como otra cualquiera, no terminó o no sé si es que el sol desapareció o ya no lo volví a ver porque tapé mis ojos con tus sonrisas y el sonido de tus sueños alados y aquellas palabras que olían a rosas rojas. Es la noche de mi infinita gracia, la noche que me convertí en reina y en soldado, es aquella noche. No sé si recuerdas que me plantaste un beso en la mejilla y ya se me olvidó que existía un mar bravo lejos de allí o unos árboles secos u otro mundo de lamentos, lágrimas o yo qué sé. La noche que el viento sopló llevándose mis cenizas que habían hecho campamento entre mis tripas. No sé si te acuerdas que dormí entre los abrazos que tú tallaste y los expuse en mi museo dorado.
La noche de mi paz o... yo qué sé.
La noche de mi paz o... yo qué sé.
martes, 5 de marzo de 2013
devenir
Es el momento que llega y no ves venir, ese instante que, de puntillas, te asomas a ese vacío negro y oscuro. Te agarran esas cuerdas al mismísimo cielo, al oxígeno de flores, al mundo ese que pensabas que para ti no era. ¿Y qué es lo que toca ahora? Te toca con su mano en el hombro para tranquilizarte, para que te gires y sonreírte con frescura y soplarte un poco entre esos labios sonrosados, entreabiertos.
Es definitivamente lo mejor en ciertas ocasiones, dejar descansar tus neuronas, cantarles algo fino y dejarlas dormir para que no estorben el ritmo sosegado de tu abdomen inflado y desinflado. Deslizar mis dedos entre los recuerdos, noche tras noche sabiendo que las ensoñaciones reviven entre cuatro paredes cualquiera.
Y el secreto no es ninguno, es una casualidad extraña que se te antoja caprichosa, es lo que viene o lo que toca como si no pudiera venir o tocar otra cosa. Que te rindas a la música que te trae el aire y las nubes, que te rindas a sus caricias, que te rindas y lo demás es lo que viene o lo que toca.
domingo, 20 de enero de 2013
Sístole
Sólo era una figura mal dibujada entre la niebla más espesa de las calles de Londres. Solía deambular cuando al caer la ceniza de mil frías noches escapaba entre los trocitos de hielo del Támesis para encontrar un lápiz del número 1 que se atreviera a dibujar su contorno imperfecto. ¿Y quién es? ¿qué es? ¿mujer por su larga cabellera? ¿fantasma por su empeño en desaparecer como el humo? ¿sombra por esconderse entre lo negro de un rincón solitario? ¿o un rayo de Luna, Gustavo?
Nadie lo sabía y muchos y todos y casi todos temían averiguarlo.
Cuando se dejó rozar una mejilla con el sol perpendicular, de cuando calienta, de cuando achina porque escandila, bailó las canciones de un puñado de pianos que sonaban a ritmo de allegro y ocurrió que desenrolló las cuerdas de algún pintor valiente y solitario.
Y quiso llorar, resbalar lágrimas de yodo por sus mejillas desiertas cuando al ver reflejada entre aguas inglesas su figura recién repasada y perfectamente delineada, observó con detalle y cosió con cruces en su memoria que sólo era un mujer que abandonó su tez mohína y lucía sonrisa y ojos que silbaban el amanacer despejado.
Lo notó sonando a canción de jazz como si un contrabajo tuviera en su pecho con dientes, encías y miradas no premeditadas. Lo notó y respiró y durmió.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
Compañero a los pies de mi cama
Son sólo pedazos de hueso que recuerdan que alguien los vistió hace... ¿años? ¿siglos? Empolvan la mesa sobre la que los tumbas dejando pedazos de esencia de reyes o vagabundos. Te cuentan historias de viento y polvos helados que tienen de verdad lo mismo que mis sueños nocturnos. Bajo su techo de cartón se hacen llamar "Charles" (o "Charlie" para los afortunados allegados que pueden acariciar sus restos).
¿quién es "Charlie"? ¿qué hace aquí?
Nadie lo sabe. Al menos... es callado ¿no?
miércoles, 28 de noviembre de 2012
Lo que viene
Los dolores que generas en mi espalda, en mi cuello que llenas de contracturas, en los callos de mis pies, en las muescas de mis manos, en las arrugas que me dibujan desde los ojos hacia lo lejos, pretenden contarme historias que comiencen porque estoy aquí de pie, frente a ti, mirándote en lo profundo, en lo oscuro, en lo desconocido. Que te tengo para vivirte y estremecerte y sentirte. Te tocaré la espalda cuando te hayas girado a mirarme entre la comisura de mis labios adelantados a tu cuerpo prepotente. Que estoy aquí para vivirte a ti, reloj que dejas contar mil segundos del derecho y del revés, en positivo y negativo. Cuentas para descontarme. Que no puedes esperar el ilusorio soplo de viento que te empuje helándote la nuca, que te adelante los pies a taconazos, marioneta estúpida. ¿Quién te incitó a poner pies en polvorosa con mirada maligna y encías sangrantes?
Ven a buscarme en tu espalda, que yo ya estaré haciendo caminar mis pasos sobre esas nubes, varios metros por delante.
viernes, 26 de octubre de 2012
Eso
Qué frío en el bosque pelado de hojas y cubierto de ojos oscuros y lejanos. Las risas que no rebotaban en ninguna pared, en ninguna pared de metal y ahora, ladrillos de corcho. ¿Y qué se supone que viene ahora? ¿que despegue la piel de su cuerpo y deje al mundo ver lo débil de sus músculos y el hielo de sus huesos? ¿qué viene? ¿y quiénes se van? Ya volverán. U otros vendrán.
Con mantas y calcetines como calefacción central y no más. Con cosquilleos en mi abdomen cubierto y con sonidos que suenen a sonrisa y no más.Y respirar. Nada más.
miércoles, 3 de octubre de 2012
Los ladridos
El cuerpo pintado vomitando neuronas, sacando sus sesos y pegándolos en la pared; esparcidos éstos en una pared infinita, intenta el cuerpo sin lograrlo, con aguja de plastilina e hilo de carbón, coser y formar el tejido de su propio pensamiento. Si coge aguja e hilo para coser el tejido de otro pensamiento agónico de vida, muerto en vitalidad, repleto de frustración, de desprecio no puede más que escapar, correr su propio cuerpo pintado en cualquier dirección, hasta que se convierte en un borrón amorfo. El corazón sobre la garganta le rebosa y zapatea a ritmo militar. La mano en su pecho se posa para intentar mediante magia, ilusión o súplica que sus costillas se separen y se expandan sus pulmones. El cuerpo pintado con carbón y volumen de plastilina que hace desaparecer su forma sobre la pared, convirtiéndose en una mancha que se recompone de lágrimas de angustia hasta armarse de nuevo con hilo y aguja y los enredos del seso.
sábado, 8 de septiembre de 2012
Dibujé la habitación con humo y espinas.
Son tus manos las que tirarán de mi, me tirarán de aquí, me sacarán, me levantarán.
http://www.youtube.com/watch?v=7bwzfvXhTwk
Abre mi ven-ta-na.
lunes, 27 de agosto de 2012
Nunca encontré un motivo para sonreír hasta que te conocí.
La noche se nos caía encima como un baño de agua caliente en unos piés helados y varios granos de azúcar habían quedado desperdigados sobre la madera de una mesa que contaba historias a miles. Tus piernas abiertas y tus pies juntos, tu cuerpo sentado en la silla que ni vi, inclinado hacia delante buscando contar pocos centímetros entre tu cuerpo y el mio es la imagen que guardo de aquella noche que caía. Tu camisa blanca arremangada, tu barba de un par de días y tu pelo despeinado, más que una imagen es un cuadro pintado con los pinceles de mis dedos... Los ojos que buscaba y encontraba y perdía para volver a buscarlos y encontrarlos fue el juego de tantos segundos que corrieron los relojes aquella noche que nos bañaba. ¿Qué más había tras la mesa de madera que tus labios hablando y el lunar de tu boca bailando?
- creo que sonríes demasiado poco
Tus ojos me encontraron, tus labios se callaron, tu lunar amaneció.
- ¿demasiado poco? la sonrisa es un diamante exclusivo de la persona, es un sentimiento, es un pedazo íntimo, es...
- deberías sonreír siempre
- dudo mucho que haya motivos para sonreír siempre ¿por qué debería sonreír si no quiero? ¿por qué si realmente no me apetece? ¿no sería hipócrita? ¿por qué sonreír sin más?
- porque si sonríes tú, sonrío yo
Sonreíste.
martes, 24 de julio de 2012
Su butaca de primera fila
Se compró la butaca en primera fila para no perderse ni uno solo de los instantes en los que el viento traería el aroma a jazmín en las tardes de verano. Ni creas que con ella se le escaparía ni una sola de las sonrisas que tenía que soltar a los mosquitos que venían a picarle los tobillos, ni creas tampoco que ellos levantarían de su asiento ese cuerpo monótono. Su butaca de primera fila le ayudaba a escribir historias que nunca ocurrían para escucharlas por las noches, en voz en off, siempre sentada en su butaca de primera fila. Historias para ser escritas, escuchadas y desechadas en menos de lo que tardaba en sonreír a sus mosquitos. Escribir para, finalmente, acabar mirando y mirando la vida pasar de personas que conocía y de otras que no conocía tanto. Era tan bonita y cómoda su butaca. Cuando le apetecía pulsaba un botón y ya nadie veía sus piernas descosidas ni sus dientes desconchados ni los destellos de luna que procuraban consolar un rostro humedecido. Su butaca de primera fila, ¿era tan buena como creía? la verdad es que odiaba el color burdeos típico que la cubría y la hacía tan hermosa y odiaba también la madera desgastada de los brazos que no la abrazaban. Odiaba que no la dejara caminar un rato corto entre las agallas y el miedo, entre el oxígeno de un aire de olores poco conocidos o probar la fruta dulce de sus ensueños, pero todo eso la butaca no lo sabía.
Su mente enredadera ni era tonta ni se lo hacía, una butaquilla burdeos que atrapa los corazones congelados que se dejan atrapar, no le impedía alcanzar sus ilusorios objetivos. Pues bien había aprendido, cuando aun ni alcanzaba su razón la realidad de las cosas, que para saborear la fruta debía empezar por plantar una semilla en tierra fértil, cantarle canciones de lluvia a las nubes y dejar de vez en cuando que sea el sol el que cree los destellos en su rostro humedecido.
martes, 29 de mayo de 2012
hombre melocotón
Todavía recuerdo el día que descubrí el sol reflajado en el mar y el miedo de mis instintos se esfumó de un horizonte ovalado. El día en que te descubrí melocotones entre los labios... entre tus labios, caballero de la corte. Aun me acuerdo de las olas que como lechuzas blancas se acercaban a olernos los pies de seda fina y se iban a tus labios rápido, a comer melocotón. Que sí, que me acuerdo de las mil risas que sonaron entre las luces de un pueblo en tirantes, al anochecer, con leve brisa de olor azucarado, ¿te acuerdas tú?, a mí no se me olvidan los momentos en los que nos tumbábamos a buscar sonidos de hierba fresca y comíamos melocotones mientras gatos verdes venían a buscar el cobijo de nuestros abrazos. Recuerdo el calor del teléfono sonando y el torbellino de tripas que provocaban las cosquillas que me hacían las nubes al bajar desde tus ojos hasta mi cuello.
Aun lo recuerdo, aun recuerdo cómo recoger melocotones cuando el calor aprieta.
domingo, 6 de mayo de 2012
Que ocurre como ocurre y no de otra manera. Que te lo pinte y no puedo. Léemelo entre lo profundo de lo que bombea porque si lo busco ni lo encuentro. Te pega un golpe en la frente, de repente, ascienden o descienden las corrientes por mi pecho y sin resuello, bajas y subes una mirada, lento. Se alargan desde el horizonte teñido de arcoiris unos brazos, fuertes y débiles que te acojen para hacer volar tu pelo, para hacer encoger tu cuerpo, para hacer despertar tus sentidos. Se aceleran los tambores buscando anhelante lo que quiera que flote en el aire o no aire o espuma. Se te entrecorta la respiración, cierras tus ojos para agarrar las palabras, abres tu libro de sueños para dibujarte entre neuronas una sensación indescriptible.
Poco es o todos es.
Es como fuego, como gritar, como relámpagos que engañan a la oscuridad, como correr a ningún lugar, es una cascada que cae, cae. Y queda en un suelo petrificada.
Las lágrimas de tu historia, las sonrisas de tu imaginación, los deseos incumplidos.
Y miras atrás. La ves en un suelo petrificada para no cambiarla por viento. Para no cambiarla por nada.
sábado, 14 de abril de 2012
De vez en cuando se acordaba.
Ojos redondos clavados en horizontal, apretado puño alrededor de un almohadón, dientes en duelo, músculos encogidos.
Lo recordaba cuando lo oía latir en el fondo de una caja bajo libretas de garabatos, trompeta desafinada y zapatos de tacón desgastado.
Se acordaba, de vez en cuando.
lunes, 12 de marzo de 2012
el espejo
Asomé sólo medio de uno de mis ojos en plata para que no me doliera ver lo que no quería ni mirar. Asomé medio ojo. Te vi, chica de cabellos castaños detrás del espejo una vez más. Ni mi reflejo, ni mi cara, ni mis manos sino tú. Chica de cabellos dorados estabas, como una de tantas veces, tras el espejo que nos separa desde años atrás, con la mirada más perdida e inquietante que jamás vaya a existir. Chica de cabellos carbón que atraviesas con tus ojos (si es que pudiera llamar ojos a aquéllos que así lo parecen pero ni miran, ni observan, ni contemplan) mi figura delante del espejo. Siempre me encuentro (¿me hallas?) delante del espejo. Aparece de la parte inferior de tu imagen, tu mano, que asciende alcanzando tu cabeza y arrascan tu frente tus uñas mientras alzas mínimamente las cejas. Como si esa expresión banal fueses capaz de realizar. Tus ojos, ni se mueven. Los pegaste bien pegados al infinito.
Asomé medio ojo. Medio. Porque me daba miedo que al minuto de observar lo que no existe, unos labios de nubes oscuras se me acercaran al oído a contarme tus secretos... ¿qué secretos son esos? que ni tus ojos otoñales, ni tus labios calientes, ni tus mejillas rosadas o que ni siquiera tus gafas de pasta azul podían rozarse en un universo real. Pero allí me mantuve chica solitaria. Moví mi mano con un movimiento persistente delante de tus ojos por si, casualidades de la vida, simplemente habías escapado un rato pequeño de ésta que tan solo realidad parece, pero no lo es ni para mí.
Asomé la mitad de mi ojo para no poder ni plantearme que yo mismo te había dibujado en el espejo con colores producto de cortocircuitos de mi sentido común.
(¿siguen siendo ojos tus ojos? Será que, como los mios, son poco comunes tus sentidos...)
Me mantuve allí chica inventada, delante del espejo. Hasta te sonreí de vez en cuando.
"Siempre fuiste un espejo terrible, una espantosa máquina de repeticiones, y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie delante de vos..."
Rayuela, Julio Cortázar
"Siempre fuiste un espejo terrible, una espantosa máquina de repeticiones, y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie delante de vos..."
Rayuela, Julio Cortázar
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
