jueves, 2 de diciembre de 2010

Así se fue

De regalo de despedida se llevó un beso envuelto en papel de colores y un abrazo firmado con cariño.
Dejó su corazón escrito en una tarjeta, una lágrima guardada en una botella sin etiqueta y cerró la puerta sin llave, por si acaso.
Su maleta, cuidadosamente llena de nada, se quedó en el portal, junto con todo lo imprescindible para no ir a ninguna parte, mientras una canción de las lentas sonaba en el tocadiscos.
Llevaba las miradas atrás en un estuche de mano que abría de vez en cuando, pero no mucho, para no hacerse daño.
Lo necesario lo dejó en un cajón y se llevó sólo aquello que un día le pareció tonto e inútil. Se subió a un vagón sin mirar a dónde iba y dijo adiós con la mano a alguien querido que nunca se despidió en el andén.
Recordó días lejanos, mientras se alejaba. Cerró los ojos.
Y así se fue.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Será solo un segundo adiós

Ayer, te descubrí cuando la noche había caído ya, entre ceños fruncidos, sentado en el mar... La luna se reflejaba en tu pecho como queriendo iluminar lo que me guardabas por dentro.
Entre ojos y besos nos encontramos. Nos queríamos, ¿recuerdas? hasta que la luna se marchó de tu pecho y quisiste correr tras ella hacia el horizonte. Tonta que fui cuando no te seguí. No te seguí para explicarte que la luna volvería en unas horas porque yo misma te la traería si es que era eso lo que tú pedías. Tonta porque me fui al fondo del mar y me enamoré en secreto de los corales que me recitaban poesía sobre soledad, sobre melancolía. Tonta porque no me conocí. Tonta porque no me quise.
Y apagué la luz tras de mí. Si volviste, no me viste.



Ahora, me dedico a caminar y mirarla tan blanquita entre lucecillas prendidas. Está muy lejos, casi ni ilumina... y me pregunto cuándo fue que te paraste y decidiste pensar que me quedé allí. Que mientras tu corrías empeñado en sueños de cielos helados y zapatos desgastados yo me quedé sentada como si aun respiraras a dos centímetros de mi oído. Que resulta que tu ceño me cautivó. Que no quise irme de aquel trocito de mar sobre el que nos sentamos con la luna en tu pecho y tus ojos penetrantes.




Mañana, me encontraré con tu espalda en la estación de tren. Con el ruido que hay a despedidas y bienvenidas y aun así, cuando me encuentre entre tus ojos, sonarán las olas a dos centímetros de mi oído. Con dos lágrimas de verdadera pena me dirás que no la encontraste, que se fue, que no volvió. Y me abrirás un poco la camisa como diciéndome, ¿ves? aquí no está. Y me quedaré anclada en el asfalto porque no podré ni respirar cuando las olas me alcancen el oído... hasta que me dejo caer al recuerdo de los corales.


No creas que no lloré al girarme e irme.
Solo fue el fondo del mar que no me quiso dejar.
Solo fue que te fuiste una vez y cuando volviste ya no traías la luna contigo.

martes, 9 de noviembre de 2010

Original como el pecado

Adán y Eva sólo eran mortales con hambre.



Wake up! It's a beautiful morning, honey...

Are you hungry?






Come.

jueves, 4 de noviembre de 2010

en suspenso

Sí, bonito atardecer.
Es una pena que nadie haya tenido tiempo para verlo, corriendo apurados hacia ninguna parte, pensando tan sólo en que pase un día más...
Tenía unos colores preciosos, de esos que nunca puedes recordar, porque son demasiado bellos para caber en una sola mente. Como los que una cámara nunca podrá captar.
...contando las horas para que llegue otra noche, que luego nunca aprovecharán...
Y el mundo, por unos minutos, parece quedarse en suspenso, gastando su energía sólo en crear una ensoñación.
...contando los minutos para que acabe la semana...
Se hace el silencio y sólo se oye una lenta y tranquila respiración. Tal vez un suspiro.
...y es una pena que no lo hayas visto tú.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Así es

Cree ser una estatua de mirada perdida e indiferencia al mundo.
Cree poder sentarse frente a mi cual libro cerrado.
Cree poder sonreír y hacerme creer su risa.
Cree amanecer todos los días pensando que yo camino por otro sendero.
Cree que puede mirarme y no leerme los latidos que le mantienen con vida.
Cree que no vivo en su mismo país.
Cree que no sé nada.

Pero solo lo sé. Vivo tan cerca de ti que puedo escuchar tu respiración mientras duermes... y cuando oigo a tu corazón bombear sueño yo. Después, amanece y salgo a caminar pisando las huellas que cinco minutos antes has pisado tu. Si en algún momento de tu caminar te vuelves a sonreírme, no te creas que el sol no hará brillar la lágrima que se desliza para esconderse en la sombra de tu cuello. Y cuando observo el libro cerrado encima de la mesa puedo sin abrirlo leértelo de principio a fin. Sigues caminando y te paras, te quedas inmóvil. Tus ojos se pierden y empiezo a rodearte mientras te observo. Y entonces, no dejo de ver cómo me haces creer que no sabes que estoy ahí mirando al viento ondear tu pelo...

Pero así es, seguiré mirando al viento ondear tu pelo mientras te pares en el camino.